El encargo. Ayres Privée se dedica a un solo arte: el rubio. Pedían una identidad limpia, cálida y reconocible, en la línea de las marcas de beauty contemporáneas. Toda la personalidad quedó en el lettering: un logotipo de curvas fluidas y aire retro para «ayres», acompañado de un «privée» manuscrito que aporta cercanía, y un monograma , la «a», pensado para señalética, redes y detalles del espacio. La paleta sale del propio universo del salón: taupe, arena, rosa empolvado y crema. Tonos de piel, de luz y de rubio, sin estridencias.